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    , lo que significa que cada hemistiquio o versculo empieza con una letra del alfabeto hebreo, que en nuestra versin litrgica se suprime.- La Biblia de Jerusaln da a todo el salmo 144 el ttulo de

    . El salmista alaba al Seor, admirable por su grandeza, misericordia, omnipotencia, verdad, providencia y justicia. Es un canto a los atributos divinos manifestados en las obras portentosas del Seor en favor de hombre.- Alabanza a Dios por su grandeza y por su misericordia. En todas sus obras aparece su bondad y su cario. Todo nos habla de su amor. Hay que aprender a leer en las criaturas y en la historia la fidelidad de Dios a sus promesas y a su amor eterno ratificado por Jess: De tal manera am Dios al mundo, que le dio a su Hijo Unignito (Jn 3,16) (J. Esquerda Bifet).]

    Este salmo acrstico, o sea, constituido por versos cuyas letras iniciales forman un vocablo o una frase, o comienzan sucesivamente por una letra del alfabeto, es un grandioso himno a los atributos divinos, manifestados en las obras portentosas en favor de los hombres en general, sin concretarlas -como en otras composiciones del Salterio- a sus relaciones con el pueblo elegido. La mano prdiga de Dios est siempre abierta a las necesidades de los hombres, amparando particularmente a los humildes y desvalidos. La distribucin alfabtica sacrifica algunas veces la ilacin lgica del pensamiento; y as, las formulaciones tienen el aire de jaculatorias, exhortaciones o sentencias ms o menos inconexas, a modo de una larga doxologa o forma de alabanza a Dios, que encabeza los salmos de alabanza, que cierran la coleccin general del Salterio. El salmista habla en nombre de la nacin, dando de lado a sus preocupaciones personales. Esta coleccin final del Salterio (salmos 144-150) ha sido compuesta con una marcada finalidad litrgica.

    (libro de las alabanzas). Cada versculo empieza con una letra diferente del alefato o alfabeto hebreo. Por su contenido puede compararse este poema alfabtico al salmo 110. Abundan las reminiscencias de otras composiciones del Salterio. Como el salmo 110, es ste un eptome de alta teodicea, en el que se cantan los atributos divinos: bondad, justicia, misericordia, longanimidad, fidelidad a sus promesas, piedad para con los dbiles, providencia paternal sobre todo los vivientes.

    El salmista comienza declarando su deseo de expresar sus alabanzas a su Dios, que es Rey de todo lo creado. Nadie es digno de alabanza ms que l. En su ansia de perpetuar estas alabanzas, apela a las generaciones para que ellas se encarguen, a travs de los siglos, de anunciar las grandezas de Yahv. Sus atributos como Rey se resumen en el esplendor, la majestad y la gloria. Adems, en sus relaciones con los hombres se ha mostrado siempre indulgente y misericordioso, tardo a la ira, pero condescendiente y compasivo con el pecador. Sus obras pregonan su bondad; y son los devotos o fieles los que saben apreciar las grandes gestas en favor de los hombres.

    El salmista no alude, como en otras composiciones del Salterio, a hechos de la historia de Israel, sino que se mantiene en el plan general de la Providencia divina sobre todas las criaturas. En realidad, su reino atraviesa todas las edades y es anterior al nacimiento de Israel como colectividad nacional. Pero su reinado se basa en la justicia y la fidelidad para con los suyos, particularmente con los necesitados.

    Todas las criaturas dependen de la providencia de Dios, y por eso estn anhelantes esperando que les enve sus bienes para subsistir. Particularmente, con los hombres fieles y piadosos se muestra generoso y complaciente, respondiendo a sus invocaciones en los momentos de necesidad. En cambio, a los impos les enva el castigo merecido por vivir al margen de la ley divina. El salmo se termina con la misma idea con que se inici: el deseo de alabar en todo momento a Dios, Seor de todo viviente. Nadie, pues, est exento de la obligacin de proclamar las alabanzas del Dios providente.

    1. Acabamos de orar con la plegaria del salmo 144, una gozosa alabanza al Seor que es ensalzado como soberano amoroso y tierno, preocupado por todas sus criaturas. La liturgia nos propone este himno en dos momentos distintos, que corresponden tambin a los dos movimientos poticos y espirituales del mismo salmo. Ahora reflexionaremos en la primera parte, que corresponde a los versculos 1-13.

    Este salmo es un canto elevado al Seor, al que se invoca y describe como rey (cf. Sal 144,1), una representacin divina que aparece con frecuencia en otros salmos (cf. Sal 46; 92; 95; y 98). Ms an, el centro espiritual de nuestro canto est constituido precisamente por una celebracin intensa y apasionada de la realeza divina. En ella se repite cuatro veces -como para indicar los cuatro puntos cardinales del ser y de la historia- la palabra hebrea

    Sabemos que este simbolismo regio, que ser central tambin en la predicacin de Cristo, es la expresin del proyecto salvfico de Dios, el cual no es indiferente ante la historia humana; al contrario, con respecto a ella tiene el deseo de realizar con nosotros y por nosotros un proyecto de armona y paz. Para llevar a cabo este plan se convoca tambin a la humanidad entera, a fin de que cumpla la voluntad salvfica divina, una voluntad que se extiende a todos los hombres, a todas las generaciones y a todos los siglos. Una accin universal, que arranca el mal del mundo y establece en l la gloria del Seor, es decir, su presencia personal eficaz y trascendente.

    2. Hacia este corazn del Salmo, situado precisamente en el centro de la composicin, se dirige la alabanza orante del salmista, que se hace portavoz de todos los fieles y quisiera ser hoy el portavoz de todos nosotros. En efecto, la oracin bblica ms elevada es la celebracin de las obras de salvacin que revelan el amor del Seor con respecto a sus criaturas. En este salmo se sigue exaltando el nombre divino, es decir, su persona (cf. vv. 1-2), que se manifiesta en su actuacin histrica: en concreto se habla de obras, hazaas, maravillas, fuerza, grandeza, justicia, paciencia, misericordia, gracia, bondad y ternura.

    Es una especie de oracin, en forma de letana, que proclama la intervencin de Dios en la historia humana para llevar a toda la realidad creada a una plenitud salvfica. Nosotros no estamos a merced de fuerzas oscuras, ni vivimos de forma solitaria nuestra libertad, sino que dependemos de la accin del Seor, poderoso y amoroso, que tiene para nosotros un plan, un reino por instaurar (cf. v. 11).

    3. Este reino no consiste en poder y dominio, triunfo y opresin, como por desgracia sucede a menudo en los reinos terrenos, sino que es la sede de una manifestacin de piedad, de ternura, de bondad, de gracia, de justicia, como se reafirma en repetidas ocasiones a lo largo de los versculos que contienen la alabanza.

    La sntesis de este retrato divino se halla en el versculo 8: el Seor es lento a la clera y rico en piedad. Estas palabras evocan la presentacin que hizo Dios de s mismo en el Sina, cuando dijo: El Seor, el Seor, Dios misericordioso y clemente, tardo a la clera y rico en amor y fidelidad (Ex 34,6). Aqu tenemos una preparacin de la profesin de fe en Dios que hace el apstol san Juan, cuando nos dice sencillamente que es Amor: Deus caritas est, Dios es amor (1 Jn 4,8.16).

    4. Adems de reflexionar en estas hermosas palabras, que nos muestran a un Dios lento a la clera y rico en piedad, siempre dispuesto a perdonar y ayudar, centramos tambin nuestra atencin en el siguiente versculo, un texto hermossimo: el Seor es bueno con todos, es carioso con todas sus criaturas (v. 9). Se trata de palabras que conviene meditar, palabras de consuelo, con las que el Seor nos da una certeza para nuestra vida.

    se expresa as: Son grandes las obras del Seor. Pero esta grandeza que vemos en la grandeza de la creacin, este poder es superado por la grandeza de la misericordia. En efecto, el profeta dijo: Son grandes las obras de Dios; y en otro pasaje aade: Su misericordia es superior a todas sus obras. La misericordia, hermanos, llena el cielo y llena la tierra. (...) Precisamente por eso, la grande, generosa y nica misericordia de Cristo, que reserv cualquier juicio para el ltimo da, asign todo el tiempo del hombre a la tregua de la penitencia. (...) Precisamente por eso, confa plenamente en la misericordia el profeta que no confiaba en su propia justicia: Misericordia, Dios mo -dice-, por tu bondad (Sal 50,3) (42, 4-5:

    1. Siguiendo la liturgia, que lo divide en dos partes, volvemos a reflexionar sobre el salmo 144, un canto admirable en honor del Seor, rey amoroso y solcito con sus criaturas. Ahora queremos meditar en la segunda seccin de este salmo: son los versculos 14-21, que recogen el tema fundamental del primer movimiento del himno.

    All se exaltaban la piedad, la ternura, la fidelidad y la bondad divina, que se extienden a la humanidad entera, implicando a todas las criaturas. Ahora el salmista centra su atencin en el amor que el Seor siente, en particular, por los pobres y los dbiles. La realeza divina no es lejana y altanera, como a veces puede suceder en el ejercicio del poder humano. Dios expresa su realeza mostrando su solicitud por las criaturas ms frgiles e indefensas.

    2. En efecto, Dios es ante todo un Padre que sostiene a los que van a caer y levanta a los que ya haban cado en el polvo de la humillacin (cf. v. 14). En consecuencia, los seres vivos se dirigen al Seor casi como mendigos hambrientos y l, como padre solcito, les da el alimento que necesitan para vivir(cf. v. 15).

    En este punto aflora a los labios del orante la profesin de fe en las dos cualidades divinas por excelencia: la justicia y la santidad. El Seor es justo en todos sus caminos, es santo en todas sus acciones (v. 17). En hebreo se usan dos adjetivos tpicos para ilustrar la alianza establecida entre Dios y su pueblo:

    3. El salmista se pone de parte de los beneficiados, a los que define con diversas expresiones; son trminos que constituyen, en la prctica, una representacin del verdadero creyente. ste invoca al Seor con una oracin confiada, lo busca en la vida sinceramente (cf. v. 1), teme a su Dios, respetando su voluntad y obedeciendo su palabra (cf. v. 19), pero sobre todo lo ama, con la seguridad de que ser acogido bajo el manto de su proteccin y de su intimidad (cf. v. 20).

    As, el salmista concluye el himno de la misma forma en que lo haba comenzado: invitando a alabar y bendecir al Seor y su nombre, es decir, su persona viva y santa, que acta y salva en el mundo y en la historia; ms an, invitando a todas las criaturas marcadas por el don de la vida a asociarse a la alabanza orante del fiel: Todo viviente bendiga su santo nombre, por siempre jams (v. 21).

    Es una especie de canto perenne que se debe elevar desde la tierra hasta el cielo; es la celebracin comunitaria del amor universal de Dios, fuente de paz, alegra y salvacin.

    4. Para concluir nuestra reflexin, volvamos al consolador versculo que dice: Cerca est el Seor de los que lo invocan, de los que lo invocan sinceramente (v. 18). Esta frase, en especial, la utilizaba con frecuencia Barsanufio de Gaza, un asceta que muri hacia mediados del siglo VI, al que buscaban los monjes, los eclesisticos y los laicos por la sabidura de su discernimiento.

    As, por ejemplo, a un discpulo que le expresaba el deseo de buscar las causas de las diversas tentaciones que lo haban asaltado, Barsanufio le respondi: Hermano Juan, no temas para nada las tentaciones que han surgido contra ti para probarte, porque el Seor no permitir que caigas en ellas. Por eso, cuando te venga una de esas tentaciones, no te esfuerces por averiguar de qu se trata; lo que debes hacer es invocar el nombre de Jess: Jess aydame y l te escuchar porque cerca est el Seor de los que lo invocan. No te desalientes; al contrario, corre con fuerza y llegars a la meta, en nuestro Seor Jesucristo (Barsanufio y Juan de Gaza,

    Y estas palabras de ese antiguo Padre valen tambin para nosotros. En nuestras dificultades, problemas y tentaciones, no debemos simplemente hacer una reflexin terica -de dnde vienen?-; debemos reaccionar de forma positiva: invocar al Seor, mantener el contacto vivo con el Seor. Ms an, debemos invocar el nombre de Jess: Jess, aydame. Y estemos seguros de que l nos escucha, porque est cerca de los que lo buscan. No nos desanimemos; si corremos con fuerza, como dice este Padre, tambin nosotros llegaremos a la meta de nuestra vida, Jess, nuestro Seor.

    El salmo 144 es todo l, desde sus primeras expresiones hasta el fin, un canto de accin de gracias. Por ello puede ser una de las oraciones ms propias del pueblo que conoce la Buena nueva de la salvacin, que sabe que nada le falta -como deca el Apstol- en ninguna clase de bienes celestiales.

    Este salmo -deca san Juan Crisstomo- es digno de que le prestemos la mayor atencin; es justo que quien ha sido hecho hijo de Dios, que quien participa en su mesa espiritual glorifique a su Padre. San Juan Crisstomo comprendi bien que este salmo habla de nuestro Padre, pues, en definitiva, canta el misterio de nuestra adopcin divina, los favores de aquel que

    Te damos gracias, Seor, porque eres carioso con todas tus criaturas, porque has querido que no nos falte ninguna clase de bienes celestiales; aydanos a ponderar siempre tus obras y a contar tus hazaas, explicando a los hombres la gloria de tu reinado. Por Jesucristo nuestro Seor. Amn.

    Seor Dios, bueno con todos y carioso con todas tus criaturas, los ojos de los hombres te estn aguardando: abre, pues, tu mano y satisface los deseos de tus hijos dispersos por el mundo, escucha sus gritos y slvalos, sostn a los que van a caer, guarda a los que te aman y haz que nuestra boca pronuncie tu alabanza, ahora y por los siglos de los siglos. Amn.

    V. 13b. Comienza la serie de enunciados, condicionados en parte por el artificio alfabtico. Son participios que resumen el estilo de Dios, o adjetivos que lo cualifican. Tema comn es la misericordia.

    .- Cristo viene a establecer el reino y a someterlo a su Padre: un reino eterno y universal: el reino de la verdad y la vida, el reino de la santidad y la gracia, el reino de la justicia, el amor y la paz.

    El salmo 144 es un grandioso himno a Dios en su reino, escrito en alfabetismo sencillo: cada verso comienza con una letra diferente del alefato o alfabeto hebreo. Es el nico salmo que lleva en el ttulo el nombre de

    Consta de cuatro partes: a) Alabanzas tributadas por el salmista, vv. 1-3.- b) Alabanzas que desea le tributen las generaciones, vv. 4-9.- c) Alabanzas que desea le tributen los devotos y fieles de Yahv, vv. 10-20.- d) Alabanzas recapitulatorias, v. 21.

    El salmista desea que el movimiento laudatorio se extienda de una a otra generacin. Y que el objeto de la alabanza sean las proezas de Yahv, en las que resplandecen sus divinos atributos: su gloria, su majestad, su omnipotencia, su grandeza, bondad, justicia, misericordia. Pocos pasajes del AT encierran como ste, en el mbito de sus misericordias, a todo lo creado. Las alabanzas en tercera persona se deben a ser citas: el v. 8, de Sal 102,8; y el v. 9, de Ex 34,6.

    El solista invita a todas las criaturas de Yahv, racionales e irracionales, a alabarle, pues a todas se extiende su misericordia. Las racionales, con alabanza subjetiva; las irracionales, con alabanza objetiva, que es su variedad, abundancia, hermosura, leyes fijas, ordenacin al bien del hombre, manifestacin de los atributos del Creador. Y no exhorta directamente a las criaturas, sino que en himno habla directamente a Yahv refirindose a ellas. Las primeras que menciona son las que ms glorifican a Yahv, sus devotos y fieles, los israelitas fervorosos, que pregonan el poder de Dios. Y despus alude en seguida a todos los hombres, pues el reino de Dios es universal, sobre todos los tiempos y todas las naciones; especialmente, a los que estn agobiados (Mt 11,38) y necesitados (cf. Mt 6,25-34), a los que le invocan con fidelidad y le temen. Con todos ellos Dios se muestra bondadoso. Esa asistencia constante y universal de Dios culmina con los que le aman. Y, por contraste, como exigencia de su misma bondad divina, aniquilar a todos los malvados impenitentes. En ambas formas de proceder, Yahv es digno de alabanza.

    El salmo 144 es un himno que celebra los atributos de Yahv, especialmente su realeza. El artificio del acrstico no merma el ritmo del salmista, ni tampoco su originalidad y cordialidad, como notas caractersticas de este salmo. Bien podra pasar por ser una letana de nombres divinos. El acrstico, por otra parte, tiene el siguiente efecto: al amparo de

    En la segunda parte del salmo, segn la divisin de la Liturgia, cabe subrayar que se precisa ms de cerca la misericordia, como condescendencia de Dios para con el indigente -aunque ninguna criatura deje de esperar y de recibir-, y su compasin: Nadie que le invoque ser desatendido en sus necesidades y anhelos (vv. 13b-20). Termina el salmo con el voto de alabanza que tendr continuidad o hallar eco entre todos los humanos por las generaciones (A. Gonzlez).

    de este himno, podemos distinguir las secciones siguientes: el preludio o cntico de entrada formulado en singular (vv. 1-2), la celebracin de la grandeza de Dios (vv. 3-7), de su bondad (vv. 8-10) y de su reinado (vv. 11-13). Hay un crescendo interno que alcanza su clmax en el reinado de Dios, donde reaparecen motivos previamente festejados. Por ello proponernos el siguiente modo de salmodia:

    del salmo tngase en cuenta que, la serie de participios hmnicos o de adjetivos que cualifican a Dios, son variaciones sobre el tema de la misericordia divina. La bondad de Dios alcanza a todos poniendo en marcha el anhelo de la bsqueda, respondiendo con el alimento, sosteniendo a los dbiles, etc. Todas las acciones de Dios son una traduccin de su bondad. Justo es que todos proclamemos tan desmesurado amor e invitemos a todo viviente a que alabe al Seor. Por eso, salmodiamos la segunda parte de este salmo al unsono.

    El obrar divino ha seducido al salmista. Acumula vocablos para ponderarlos: grandeza, obras, hazaas, majestad, maravillas, proezas, acciones, victorias (vv. 3-7). Dios es maravilloso. As se muestra en la liberacin del pueblo, motivando el primer cntico triunfal al Dios maravilloso. En el futuro, Israel debe alabar a Dios, que ha hecho obras grandes por l. Las maravillas pasadas se quedan pequeas ante la gran hazaa de resucitar a Jess de entre los muertos. En nuestra propia lengua omos hablar las maravillas de Dios (Ex 15; Dt 10; Hch 2,11). Formando grupo y coro con todas las naciones, venimos a proclamar que no hay nadie como el Seor, que sus obras son grandes y maravillosas. Dios merece nuestra alabanza, nuestra ponderacin, ahora y por siempre jams.

    Cantar a Dios porque es Dios, atender a la persona ms que a los dones, puede hacerse cuando previamente Dios nos ha arrebatado. Despus vendr la articulacin temtica del propsito. Es la persona lo que interesa: se la exalta magnfica (Lc 1,46). Todo el ser vibra al son de la alabanza. Algo as como cuando Jess formula en voz alta: Yo te bendigo, Padre, Seor del cielo y de la tierra... (Mt 11,25). La alabanza cristiana es tanto ms inmediata cuanto ms de cerca hemos visto a Dios en Cristo. Por eso alaban los ngeles y los pastores, tambin las multitudes despus de los milagros de Jess. Por medio de Cristo nuestra alabanza se remonta al Padre, a quien glorificamos en la Iglesia y en Cristo Jess por todas las generaciones y todos los tiempos. La alabanza de la gloria divina es la gran dimensin del espritu cristiano, hasta que caiga en el xtasis total de la pura alabanza. Entonces ser presente el futuro que ahora formulamos: Alabar tu nombre por siempre jams (v. 2).

    La misericordia de Dios es ms que la compasin o el perdn; es el apego instintivo que siente por el hombre, como el seno materno por el hijo de las entraas. Es amor, ternura, cario, piedad o conmiseracin, compasin y clemencia, etc. En el Sina, Dios revela el fondo de su ser en estos trminos: Yahv es un Dios de ternura y de gracia, lento para la ira y abundante en misericordia y fidelidad, manteniendo su misericordia hasta la milsima generacin... (Ex 34,6s). Somos los coetneos de esa generacin, en la que toda carne ha visto la misericordia de Dios, el Sumo Sacerdote que puede compadecerse de nosotros porque ha sido probado en todo igual que nosotros. La percepcin de una misericordia tan inconmensurable dicta nuestra splica diaria: Seor, ten piedad, muestra tu ternura, tu cario, tu amor. Ojal dicte tambin nuestra conducta, impulsndonos a ser misericordiosos como nuestro Padre es misericordioso; alcanzaremos as misericordia (Mt 5,7).

    El profeta debe afianzar las rodillas vacilantes. Interpuesto entre Dios y el pueblo, su actitud es la del diligente viga que avisa del peligro cercano. Lo que Dios quiere es que ninguno de sus hijos doble las rodillas ante los Baales, falsos dioses. La misin proftica tiene xito porque en realidad es Dios quien sostiene el pie vacilante (v. 16). Pedro encontr el apoyo en la mirada de Jess. Record, y rompi a llorar amargamente. Tambin a Judas se le ofreci un apoyo similar, al llamarle Jess por su propio nombre. Mientras Jess estuvo en este mundo fue el apoyo protector de los suyos, para que ninguno de los que el Padre le haba dado se perdiera. A punto de dejar este mundo, pide al Padre que l mismo nos guarde del Perverso. El Padre es el apoyo que sostiene al que va a caer o endereza al que se dobla. Que l nos libre del Maligno.

    La mirada implorante, acallada en este salmo con alimentos (vv. 15-16), es indicio de la densa nostalgia de un Dios cercano. Ver a Dios con los propios ojos es el deseo ms profundo del hombre bblico. Apenas satisfecho en los grandes profetas Moiss y Elas, el deseo es algo inseparable del hombre. Existe la satisfaccin confesada por Simen, porque sus ojos han visto la salvacin (Lc 2,30), y la dicha proclamada para los ojos que ven lo que ven, lo que muchos profetas desearon ver y no vieron (Mt 13,16s). Pero no dejan de ser una satisfaccin y dicha incompletas. A Dios no le ha visto nadie, fuera del Hijo. La esperanza cristiana consiste en mantener una mirada implorante: unidos al Seor para estar siempre con l y ver a Dios, verle tal cual es. Nuestros ojos le estn aguardando con mirada implorante.

    La bondad, la cercana, la guarda divina se visibiliza en el alimento que Dios proporciona. No es tan slo obra de las manos del hombre, sino que viene de la mano de Dios. La alianza acentuar la procedencia divina del pan a la vez que orientar a buscar la autntica supervivencia del pueblo en la palabra que sale de la boca de Dios. Algo de lo que Israel no puede olvidarse ni aun cuando haya llegado a la tierra prometida. Ahora bien, Jess, para mostrar que slo Dios basta y que su alimento es cumplir la voluntad del Padre, observa un prolongado ayuno. El discpulo que sigue las huellas de Jess ha de aprender a buscar el alimento imperecedero. Las cosas restantes se le darn por aadidura. Suprema aadidura ser la vida que se le conceder, cuyo germen est en el pan de vida.

    Est ahora en nuestras manos la antorcha de la alabanza a nuestro Dios clemente y misericordioso, lento a la clera y rico en piedad; antorcha encendida hace muchos siglos en el antiguo Israel y alimentada por la fe de innumerables creyentes a travs de la historia hasta hoy. Ahora nos toca a nosotros interpretar con todo el corazn la alabanza ya pronunciada por la boca y representada por la vida de otras comunidades cristianas, de nuestros fundadores, de la misma comunidad familiar de Nazaret, del mismo Jess.

    l, con su singular experiencia de fe y su sencilla grandiosidad, fue quien reconoci con ms intensa penetracin la gracia del Padre, su grandeza, sus proezas maravillosas. Con su vida proclam la superabundante riqueza del amor del Padre de inmensa bondad, bueno con todos, carioso con todas sus criaturas. Con su muerte conmovi a toda la creacin, como si toda ella se doliera de aquel absurdo y horrible deicidio. Mas con su resurreccin devino omnipresente a toda criatura y a todo hombre, cristificando el universo y concedindole la armona perdida. Fue entonces cuando todas las criaturas adquirieron una nueva mirada, cuando en ellas se ilumin el Misterio. Mil gracias derramando pas por estos sotos con presura y yndolos mirando con sola su figura revestidos los dej de su hermosura. Y todos cuantos vagan de ti me van mil gracias refiriendo.

    Es sta la alabanza que hoy est en nuestra boca; es sta la alabanza que hoy, humilde y ardorosamente, hemos de proclamar. Mantengamos encendida nuestra antorcha. Enardezcamos su llama con el fuego de nuestro amor. Que las prximas generaciones puedan recibir de nosotros su fuego encendido y su luz esplendorosa. Que se difunda la memoria de su inmensa bondad. Que nuestra alabanza no tenga fin.

    Dejemos que Jess, el Viviente, la revelacin del Padre, nos personifique en la recitacin de este salmo. Nadie ms que l puede cantar con la veracidad y credibilidad que le caracterizan quin es el Padre.

    Jess, Hijo continuamente engendrado por el Padre, fue su transparencia humana. Que el Seor es fiel a sus obras lo demostr cuando dijo: Mis palabras no pasarn. Que el Seor es bondadoso en todas sus acciones lo visibiliz cuando escuchaba los gritos de quienes en l confiaban: las muchedumbres, plagadas de enfermedades y dolores, dirigan sus ojos expectantes hacia l como ovejas sin pastor, y l se conmova creciendo su compasin hasta el agotamiento; y les ofreca su comida superabundante, curando sus enfermedades, dndoles esperanza, entregndoles su propia vida. As manifestaba quin era el Padre: Lo que el Padre haga, eso lo hace tambin el Hijo. Pero tambin denunci, juzg el pecado, como su enemigo mortal, hasta destruirlo en su propia carne: Destruye a los malvados, sometindose por voluntad del Padre a la muerte.

    Veraz y creble ser nuestra proclamacin slmica si nos dejamos contagiar por la misma actitud fiel, bondadosa y justa de Jess. Que as como el Hijo es transparencia del Padre, seamos nosotros, pequea comunidad religiosa, transparencia de Jess. Que nuestra comunidad pronuncie con toda veracidad la alabanza del Seor, del Padre.

    Todas tus obras, oh Dios, proclaman el esplendor de la gloria de tu reinado, pero tus fieles te bendicen por tus maravillas: porque libraste a nuestros padres de sus perseguidores, porque has hecho obras grandes en Mara, Madre nuestra, porque en Cristo Jess eres el maravilloso triunfador del pecado y de la muerte; pregustando ya ahora tu nombre maravilloso, permtenos, Padre, que un da te bendigamos por siempre jams. Amn.

    Bendito seas, Padre, Seor del cielo y de la tierra, porque eres amante y amoroso, carioso con todas tus criaturas; porque eres grande y magnfico, maravilloso en tus acciones; porque eres clemente y misericordioso con todos los que te invocan; que tus criaturas te den gracias, que proclamen tu inmensa gloria, que alaben tu nombre glorioso por siempre jams. Amn.

    Dios clemente y misericordioso, lento a la clera y rico en piedad, que nos has demostrado tu amor inmenso entregando a tu Hijo por cada uno de nosotros; mira propicio al pueblo que te suplica y haz que nosotros, que hemos alcanzado misericordia, seamos misericordiosos como T, Padre, eres misericordioso. Por Jesucristo nuestro Seor. Amn.

    Padre, T eres el apoyo de nuestra debilidad, sostienes a los que van a caer, enderezas a los que ya se doblan; haz que, como Pedro, encontremos apoyo en la mirada de Jess, y que su Espritu sea nuestra fuerza protectora y nos guarde del Perverso. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Seor. Amn.

    Verte con nuestros propios ojos es, Padre de infinita belleza, nuestro deseo ms profundo; T nos has permitido ver lo que muchos profetas desearon ver y no vieron, porque en Jess, tu Hijo, vemos tu rostro, aunque de un modo todava provisorio; an estamos aguardando con mirada implorante verte tal cual eres en la gloria eterna. Amn.

    T, Padre bondadoso, satisfaces los deseos de tus fieles; escuchas sus gritos y les das la comida a tiempo; que nuestro deseo y alimento sea cumplir tu voluntad; inctanos a buscar el alimento imperecedero, pues las cosas restantes nos las conceders por aadidura. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Seor. Amn.






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